Homenajes

DÍA DEL TEATRO LATINOAMERICANO  

8 DE OCTUBRE 

Mensaje de Carlos Ianni 

Director, docente y productor teatral. Director del CELCIT 

Si algo soñamos les artistas cada vez que llegamos al teatro es ver el cartel de “Localidades agotadas”. Sin embargo, desde principios de este año y producto de la pandemia, el cartel que vemos se ha vuelto pesadilla: “Cese total de actividades”. Que el fenómeno sea global no alivia, pero sin duda lo vuelve más que singular y nos enfrenta a aquella vieja idea de que las cosas, en este caso el teatro, suelen ser valoradas en su verdadera dimensión cuando las perdemos (…aunque sea por un tiempo). 

Afirmaba hace unos años que las nuevas tecnologías revalorizaban y ubicaban en su justo lugar el estatuto de ceremonia del teatro, su cualidad de existir en tiempo real entre cuerpos presentes. En ese sentido, sigo pensando que el teatro, como arte vivo y efímero que es, no tiene sustituto posible. 

Pero ¿qué pasa hoy con el teatro? ¿Cómo enfrenta esta realidad en que todas las salas del planeta están cerradas? ¿Qué es el teatro hoy? 

La pandemia ha vuelto al mundo completamente plano, los cuerpos están ausentes o se vuelven peligrosos y todo es mediado por la imagen. Es un mundo (e insisto en hablar de mundo porque la humanidad toda tiene un mismo desafío) donde el encierro hace carne aquello que Beckett puso en la voz de Estragón: “No ocurre nada, nadie viene, nadie se va”. En este contexto, ¿qué lugar tiene el teatro? Ese teatro como ritual que pone en evidencia un derroche de vida sobre el escenario, que ocurre en un aquí y ahora posibilitando la comunión entre los cuerpos de actores y espectadores. 

Sin ese aquí y ahora, sin encuentros de cuerpos… ¿hay teatro? Definitivamente no. Con suerte, el hecho teatral sobrevive fantasmagóricamente en la memoria de los espectadores, porque todo registro que hagamos de él, por definición, no es teatro. 

Hoy el teatro es un espectro de lo que fue y vaga errante por las pantallas. El teatro mediatizado por la tecnología no lo reemplaza: nos consuela. 

Pero precisamente por ese impulso vital que define la propia esencia del teatro, lejos de regodearse en el vacío y la ausencia de sentido o finalidad les teatristas hemos reaccionado. Han aparecido en estos meses otras apuestas desde la tecnología (espectáculos vía streaming, cursos, mesas redondas y foros virtuales, y una 

infinidad de experiencias vehiculizadas a través de todos los medios digitales conocidos). Si bien, como dije, lo virtual no es teatro, sí debemos reconocer que es otra forma de expresión y como tal tiene su propio valor (en estas circunstancias) y que demuestra, una vez más, que las gentes de teatro “hacemos con lo que hay”, superando obstáculos y limitaciones. Qué permanecerá de todo esto, el tiempo lo dirá. 

A la vez, la ausencia del hecho teatral ha puesto de manifiesto de forma muy cruda que somos trabajadores de la escena, que como tales vivimos de lo que hacemos y que ante esta crisis nos encontramos desamparades, por fuera de las asistencias que -con distintos niveles de efectividad- ofrecen los Estados a les trabajadores. 

Hace no mucho tiempo, algunos funcionarios se jactaban de que Buenos Aires era la capital teatral del mundo debido a la cantidad de salas de teatro en la ciudad y a la cantidad de espectáculos que se presentaban en ellas. Hoy, la crisis que sobrevuela a la producción teatral independiente es única y cruenta: cierre de salas, artistas organizando bolsones de comida, acciones solidarias para quienes no perciben ingresos, etc. 

La virtualidad a la vez puede haber acercado a quienes usualmente no concurren al teatro porque no lo tienen en su ciudad o porque lo ven como algo por fuera de sus hábitos. Podríamos pensar entonces que quizás estas experiencias hayan mejorado y democratizado el acceso a la cultura en general y al teatro en particular y que cuando vuelvan a abrir las salas se acercarán nuevos públicos. ¿Será así? 

Es en estas circunstancias que el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral CELCIT cumple 45 años de ininterrumpida actividad. Nacido en la resistencia a las dictaduras, subsistiendo al empobrecimiento económico y cultural de gobiernos neoliberales y ahora sobreviviendo, no sólo en sentido metafórico, a una pandemia que cuenta de a miles los muertos, la institución se ha mantenido fiel a los principios que le dieron origen: aportar desde el campo cultural a la integración latinoamericana, al sueño de la Patria Grande. 

Sin duda en estos 45 años muchas cosas han cambiado, pero cada transformación, cada nuevo programa de trabajo ha sido realizado en función del proyecto histórico que le dio origen y fieles a nuestros propósitos. Hemos cambiado, es cierto, pero con orgullo podemos decir que seguimos siendo los mismos. 

Nos cuenta Eduardo Galeano que “la mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando. Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio.

 

Los indios makiritare saben que si Dios sueña con comida, fructifica y da de comer. Si Dios sueña con la vida, nace y da nacimiento. 

La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de ganas de nacer. Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando, los creaba, y cantando decía: Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira”. 

Con la ferviente convicción de que la salida de esta crisis sólo será posible si actuamos de manera colectiva y solidaria, va de corazón mi deseo de que el escenario vuelva a reunirnos pronto. En estos momentos tan difíciles, sé que el teatro re-nacerá. Estamos locos y locas de ganas de re-nacer. Y sé que la alegría y la pasión son más grandes que las dudas y el misterio. 

Homenaje al CELCIT  

45 años promoviendo el teatro latinoamericano 

El Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, CELCIT, nace en 1975 en Caracas, Venezuela. Una de las primeras iniciativas de esta naciente institución fue la de impulsar la creación de filiales y delegaciones en los distintos países de América Latina, España y Portugal. En Argentina, inicia sus actividades muy poco tiempo después. 

Es un Instituto de las Artes Escénicas, al servicio de la comunicación entre teatristas del continente, al tiempo que es un recinto para la investigación, la formación, la promoción y la difusión de las artes escénicas iberoamericanas en el mundo. 

Su sede actual está ubicada en pleno centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a 200 metros de la histórica Plaza de Mayo. 

Homenaje a Santiago García 

Fue un actor y dramaturgo colombiano. Director del teatro del grupo La Candelaria, de Bogotá, Colombia. Fue actor en el mismo grupo y también participó de varias producciones en cine y televisión. Falleció en marzo de 2020. 

García se graduó como arquitecto en la Universidad Nacional, y también realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de París y en el Instituto Universitario de Venecia. Fue alumno de teatro del director japonés Seki Sano (1957); asiste al Berliner Ensemble en Alemania, bajo la dirección de Helene Weigel, estudió también en la Universidad Carolina de Praga, en Actors Studio de Nueva York y en la Universidad de Teatro de las Naciones en Vincennes (Francia). 

Fue fundador del Teatro El Búho en 1958 y luego fundaría junto a otros artistas como Patricia Ariza, Fernando Mendoza, Gustavo Angarita, Vicky Hernández, Francisco Martínez, Carlos José Reyes y otros amigos del arte el 6 de junio de 1966, la denominada Casa de la Cultura que posteriormente se llamará teatro La Candelaria. Escribió varias obras teatrales de forma individual y otras de forma colectiva. Participó en el montaje de obras como Guadalupe, años sin cuentaDiez días que estremecieron al mundoDiálogo del rebusque entre otras. Fue director invitado en México, Estados Unidos, Cuba y Costa Rica. Actuó en la película Milagro en Roma, con argumentos del escritor Gabriel García Márquez.  

A lo largo de su carrera, estuvo vinculado con al menos 45 grandes producciones teatrales. Retirado de las tablas, se dedicó a la pintura. En marzo de 2012, fue declarado embajador mundial del Teatro por parte del Instituto Internacional del Teatro (ITI) de la Unesco. En 2019 Santiago García junto a Patricia Ariza y Carlos José Reyes recibe la Medalla al Mérito Cultural por sus aportes y legado al teatro colombiano. 

Homenaje a Tino Fernández 

Hace dos décadas, el coreógrafo asturiano Celestino Tino Fernández llegó a Colombia, descubrió un país en donde el verbo bailar siempre se conjugaba en imperativo. “Me di cuenta —solía decir— que la gente construía emociones a través del baile, como si el mundo sentimental estuviera escrito en el cuerpo. Descubrí fascinado que la danza estaba en la sangre de esta tierra y solo había que, digamos, codificarla, para volverla manifestación artística”.  

Fernández empezó su carrera como bailarín en Francia y en 1991 decidió crear su propia compañía, L’Explose, en la que trabajó como coreógrafo y director escénico hasta su muerte el pasado viernes 17 de enero en Bogotá. Quiso el azar que estando en París conociera a Fernando Fernández, un ejecutivo y escritor de Bucaramanga, y que ambos decidieran establecerse en la capital colombiana tres años antes del cambio de siglo.  

Desde el principio, se sintió atraído por el exuberante espíritu lúdico de los latinoamericanos. Participó activamente en la escena cultural y con rapidez fue descubriendo que la danza, por lo general tan silenciosa, podía contar mucho sobre su nuevo país de acogida. Con más de 30 creaciones a su haber, premios y distinciones, algunos de sus seductores espectáculos fueron coproducidos por instituciones como el Mercat de les Flors de Barcelona, La Biennale de la Danse de Lyon, la orquesta Filarmónica de Bogotá, el Auditorio de Danza de Tenerife, Iberescena y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, entre otros. El trabajo creativo con la dramaturga Juliana Reyes lo llevó a explorar nuevas formas de teatralidad al interior de la danza y a desarrollar un repertorio en que la intención interpretativa estaba en el centro de cada movimiento. 

Los objetos fueron decisivos en sus creaciones: una mesa, sillas, tierra negra, camillas quirúrgicas, una urna acristalada definían la relación del intérprete con la escena, es decir, del bailarín con su mundo, aquel que nace y desaparece en el espacio efímero de la representación. El universo femenino fue el gran protagonista de sus creaciones. Trabajó con varias intérpretes por largos periodos, y el hecho de que fueran cuerpos menos jóvenes nunca supuso un impedimento para el diseño de sus coreografías. Fernández trabajaba con la vida, y la vida es tiempo.  

De su comprensión de Colombia queda un formidable espectáculo titulado La mirada del avestruz, sobre las cicatrices que genera la violencia y la tragedia del desarraigo. Fue un gran gourmet, amaba la comida francesa y cocinar para los amigos. Siempre trabajó con gente a la que quiso, porque la cercanía en el trato era fundamental para poner en marcha su sensibilidad creativa.  

Homenaje a Tita Maya 

“Fue hace más de 30 años en un colegio de música. Eran cuatro profesores de un colegio de música que se unieron para ofrecerles a los niños una nueva canción infantil. De allí nació nuestro primer disco, El gallo pinto”, cuenta Tita Maya, directora de la Corporación Cantoalegre. Hoy, la institución ya no es simplemente un grupo musical, sino todo un trabajo que incluye alfabetización y al que se vinculan colegios de Medellín en cada temporada. 

Cantoalegre ha crecido con sus pequeños integrantes. De los que empezaron muy niños, ahora hay jóvenes músicos que acompañan las presentaciones de la agrupación tocando instrumentos y realizando labores relacionadas con la producción, la elaboración de escenografías y la composición. Todo esto de la mano de Tita Maya y Claudia Gaviria, que, con 150 personas conforman una de las agrupaciones de música para niños más queridas de Antioquia. Desde sus comienzos, Cantoalegre ha tenido presencia también fuera de Antioquia en festivales de Ibagué, Cali y Bogotá. 

Pero las temáticas tratadas en su música no han sido siempre las mismas. Desde El gallo pinto de la primera etapa (1984), en la que las canciones relatan historias de animalitos y de amor al campo, hasta el último trabajo lanzado este año, Canta Colombia, que tiene como objetivo despertar el amor de los niños hacia la música colombiana, Cantoalegre ha enfocado su mensaje a objetivos y proyectos específicos.