¿Para qué este festival?

En una reflexión de Richard Nelson, comenta cómo alguna vez al director inglés Peter Brook se le preguntó: “¿Cuál es el futuro del teatro?” Sin dudarlo un momento, respondió: “Dime, ¿cuál es el futuro de la comida?”. En medio de una gran agitación social, disturbios civiles, injusticias profundas que algunos denominaban “crisis civilizatoria”, y una devastadora pandemia mundial que ha causado el caos económico y la tragedia personal generalizada, ¿por qué montar una obra de teatro? Cuando el mundo se siente hundido en la incertidumbre, ¿para qué el teatro?
En los tiempos que corren, los artistas escénicos encuentran el tiempo, los recursos y las salidas para hacer algún tipo de puesta en escena, cuando no hay teatros abiertos o espectadores en vivo, ¿qué tipo de obra requieren estos tiempos, si es que hay alguna? ¿Tiene el teatro un papel en un mundo en constante cambio que sufre tanto, protesta y enfrenta una profunda incertidumbre? ¿O tiene una responsabilidad? ¿Tal vez incluso una oportunidad?
Para responder estas preguntas, los creadores han puesto a trabajar toda su gama de herramientas teatrales para una causa específica, que es el hecho dramático y su forma de relacionarse con su entorno (público/mundo). En otras ocasiones, el teatro ha sido un escape entretenido y necesario de un mundo problemático, un respiro momentáneo de los conflictos que se desatan fuera de sus paredes.

También existen propuestas de representación en que los personajes simplemente tratan de entender e interrogar el mundo en el que se encuentran, nuestro mundo. Un teatro que intenta comprender en lugar de formular respuestas. Un teatro hecho de preguntas.
El lema de La Comédie-Française en París: “Simul et singulis” (Estar juntos y estar solos), es una referencia que acude a la mente de quienes creemos en el teatro y su manera de relacionarse con el mundo. Resume la esencia o al menos la meta que se propone desde el teatro: reunir a un grupo de seres humanos, extraños entre sí, sentarlos en la oscuridad y hacerlos crecer juntos en un grupo; es decir, reunirse estando solo.

Cuando están juntos, se encuentran con otros seres humanos que también tienen familias y problemas que son universales, verdades que son multiculturales. Allí, en la oscuridad, mirando juntos el teatro, tal vez llegarán a sentir, aunque sea brevemente, que no están solos, podrán respirar juntos, podrán crear una atmósfera en común en un momento único e irrepetible. Esta es una buena razón para actuar en momentos muy difíciles: compartir eso en nuestra confusión, nuestras preguntas y nuestras dudas, pensar en que no estamos solos.

“En tiempos difíciles y problemáticos, el teatro no solo tiene una oportunidad sino la responsabilidad de retratar la confusión y articular las ambigüedades, dudas y temores de su época. El objetivo entonces no es discutir un lado o un punto, sino tratar de retratar a las personas y los mundos como son, no como deseamos que sean. El teatro, en mi opinión, no es un argumento, sino un esfuerzo por crear y retratar la complejidad humana, que luego compartimos con un público vivo, de ser humano a ser humano», proponía también como reflexión R. Nelson. Esto nos lleva a encontrarnos con la realidad en que se mueve el mundo creativo de las artes escénicas en la actualidad.

Hemos visto que, movidos por la intensidad y la gravedad de esta situación, legiones de artistas y organizaciones artísticas de todo el mundo están recurriendo a desarrollos y dispositivos contemporáneos en las comunicaciones y las redes sociales para encontrar nuevas formas de actuar o exhibir en grupos a través de la realidad virtual, transmisiones en vivo,

streaming u otros medios mientras están aislados en sus propios hogares. Han vuelto a la ocasión una vez más porque quieren ayudar a millones de personas a sobrellevar esta terrible enfermedad y encontrar la persistencia y la resistencia para prevalecer a pesar del alcance y la gravedad de esta crisis mundial. Y, por supuesto, también quieren permanecer en relación con su público y con su ecosistema cultural.

En este contexto el uso de las narrativas transmediales se referencian como un proceso de producción de contenidos que se caracteriza por expandir las narrativas de un relato en múltiples medios o plataformas; una historia inicia en un libro, se amplía en una película y se experimenta en un videojuego. Cada creación basada en el relato inicial, ofrece nueva información profundizando los conflictos, personajes y eventos al interior de un universo narrativo.
En el momento actual, y en relación con el campo de las artes, se encuentran artistas que han utilizado los medios analógicos y digitales e hicieron y hacen uso de la digitalización, planteando nuevas conceptualizaciones que dan cuenta de los cambios en sus maneras de crear. Algunos críticos han denominado New media art –arte de los nuevos medios–a las acciones y manifestaciones estéticas producidas mediante instrumentos digitales, especialmente los computadores, ya que “resulta más adecuados para definir este tipo de práctica que aúna al arte, ciencia y tecnología” (Cirelluelo, 2008, p. 9). Arte digital o New media art son términos que remiten a un modo de manejo de la tecnología de comunicación y el dispositivo digital para desplazar y/o transformar las formas de producción, recepción y mediación de los lenguajes estéticos.
La utilización de las nuevas tecnologías desde diversas aproximaciones son el signo de este periodo que vive la humanidad, y creemos que debe ser uno de los focos privilegiados para nuestra propuesta, a través de procesos que impulsen, previamente, la formación para la apropiación de las herramientas propias de la transformación digital, la creación de propuestas artísticas desarrolladas en esos nuevos y viejos entornos puestos en diálogo, y la exhibición de esas propuestas.
Proponemos desde la perspectiva de lo transmedial y sus interferencias con las artes escénicas, estas visiones de la apropiación que han hecho los artistas colombianos, y algunos invitados del espacio cultural común iberoamericano, conformando un paisaje híbrido, donde lo digital y lo físico se entremezclan en lugar de desconectarse, creando un ecosistema más amplio de personas en todo el mundo comprometidas como artistas, curadores, críticos y espectadores de estos momentos que nos hacen pensar en el desdibujamiento de las fronteras espacio/temporales que nos conducirán en este “viaje hacia ninguna parte” gozoso y experimental, con angustias vitales, pero tratando de proponer preguntas, sobre todo ese ¿para qué estar juntos?…

OCTAVIO ARBELÁEZ TOBÓN
Curador Festival de Teatro San Ignacio